Encontrar el Propósito Vital: Por Qué Es Crucial y Cómo Empezar a Escucharlo
¿Sabes cuál es tu propósito vital? ¿Aquello que te hace profundamente feliz y, además, podría convertirse en tu manera de ganarte la vida? ¿Lo intuyes, pero te parece completamente imposible dedicarte a ello? ¿O ni siquiera sabes por dónde empezar?
Soy Diana Esteban, psicoterapeuta de Escenas Matrices, y hoy quiero hablarte sobre cómo encontrar tu propósito vital y qué implica desarrollarlo, tanto a nivel emocional como práctico.
La realidad: muy poca gente ama su trabajo
Según el European Workforce Study de 2025, solo un 8 % de las personas encuestadas afirma sentirse “realizada” en su trabajo. La cifra es baja, dura y preocupante. Implica que la gran mayoría vive la vida laboral sin un sentido claro, sin la chispa que proporciona hacer algo que amas.
Para mí, el propósito es un tema central. La vida es limitada y, dentro de lo posible, deberíamos intentar acercarnos a lo que realmente queremos hacer. Además, lo veo cada día: las personas más felices que conozco tienen trabajos que les gustan de verdad. Muchas veces, lo que nos frena no es el mundo exterior, sino nuestra mente.
No dedicarse al propósito tiene un coste: pérdida de sentido, desánimo, irritabilidad, agotamiento, burn out. La desconexión con uno mismo se nota… y pasa factura.
Incluso si trabajas en tu propósito, no todo es perfecto
Hacer lo que amas no significa vivir en una burbuja. Si eres creativa, te costarán las facturas. Si te encantan los números, quizá decorar tu despacho te parezca un infierno. Es normal. Estar en el propósito no elimina los inconvenientes: los hace asumibles.
¿Y si crees que ya es demasiado tarde?
Déjame contarte un caso real.
Una mujer llegó a consulta pocos años antes de jubilarse. Su carrera había sido “exitosa” en términos externos, pero internamente sentía una mezcla de pena y vacío. Empezamos a explorar su propósito esencial, aunque estuviera al final de su vida laboral.
¿Por qué hacerlo tan tarde? Porque lo que nos hace felices no desaparece. No muere. Se queda dentro, esperando.
Mirando hacia su infancia, apareció una imagen repetida: ella dibujando. Dibujaba cuando estaba triste, alegre, aburrida, enamorada… en cada situación. Era su lenguaje. Y, sin embargo, lo había abandonado porque en su casa se consideraba “cosa de niños”. Había que hacerse mayor, estudiar, ascender. Y obedeció.
El propósito quedó enterrado.
Pero reaparecía en pequeños garabatos en reuniones, en esa mezcla de alegría y tristeza que surge cuando algo muy profundo busca salir. Empezamos a trabajar con el mandato interior que decía que dibujar era una pérdida de tiempo. Poco a poco, esa niña pudo volver a tener un lugar.
Con el tiempo, pintar se convirtió en una enorme fuente de felicidad. Ella se jubiló, tomó clases de arte… y hoy da clases de plástica a niños. Y eso, dice, no piensa dejarlo jamás. Finalmente está en su propósito.
El propósito moviliza y exige
Hay una frase muy conocida: “Elige un trabajo que ames y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. No es adecuada del todo, pero se acerca. Aunque ames lo que haces, habrá esfuerzo. La diferencia es que hay una fuerza interna que te empuja por dentro y te recuerda que el camino es ese.
A veces sí es posible un cambio laboral radical. He visto muchos. Algunos implican estudiar por la noche, trabajar los fines de semana, formarse de cero… años complicados. Pero posibles.
Y si parece totalmente imposible, entonces hay que mirar qué lo impide: mandatos familiares, defensas, emociones no elaboradas. Muchas veces, cuando eso se sana, el propósito aparece con claridad.
La infancia: el mapa más honesto del propósito
Mirar la infancia no es casual. La niña o el niño dedica horas a lo que ama, sin filtros. Ahí están las pistas: juegos, formas de pensar, intereses espontáneos. Resolver problemas, construir, bailar, crear, ayudar, observar…
Cuando los padres permiten eso, el niño aprende a escucharse. De adulto puede guiarse mejor hacia lo que ama.
Cuando los padres no lo permiten o lo ridiculizan, el niño aprende que lo que siente no importa. Y de adulto le costará mucho escucharse y permitirse hacer lo que ama.
El propósito sigue allí, enterrado. Pero vivo.
Lo que puede impedir que llegues a tu propósito hoy
Incluso si ya lo has identificado, vienen los obstáculos internos:
- Mandatos familiares: “eso no es serio”, “eso no da dinero”, “eso es perder el tiempo”.
- Creencias sobre tu valía: “no valgo”, “soy torpe”, “nunca seré buena en esto”.
- Hiperexigencia: si de niño solo te miraban cuando eras perfecto, hoy quizá no puedas permitirte hacer algo simplemente porque te gusta.
Si tu propósito tiene que competir contra la perfección, obviamente perderá.
Por eso, desvelarlo no es suficiente. Después hay que desarticular muchas voces internas. La buena noticia es que cuando por fin le haces lugar, aunque vayas despacio, avanzas. Te acercas más a lo que la niña que fuiste amaba de verdad.
Y ahora, te toca a ti
- ¿Dónde te encuentras en este proceso?
- ¿Qué harías si te garantizaran que te iría bien?
- ¿Qué te dices para no intentarlo?
- ¿Qué diría tu cabeza si fallas?
Son preguntas importantes. Abrirlas ya es un comienzo hacia tu propósito. No es fácil, no es inmediato, no es cómodo. Pero es necesario. Y profundamente transformador.
Quizá hoy sea un buen día para empezar a preguntártelo.